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La secretaria de Julián Weich.
Dice que lo que los hombres más le ponderan la sonrisa. “Mi arma de seducción es la simpatía. Y está bueno, porque va a estar presente también cuando el cuerpo se caiga”, afirma.
Irrumpió como secretaria de Sofovich. Fue la bañera sexy en El muro infernal de Marley. Este año se ganó el papel de asistente de Julián Weich en Justo a tiempo y en el verano hará teatro con Miguel Angel Cherutti. Dueña de una sonrisa que imanta miradas, con estilo fresco y desfachatado, la chica nacida en Arrecifes se impone hoy como la nueva morocha argentina. –¿Es verdad que no tenés representante? –Es verdad. No me siento cómoda con eso de firmar exclusividad y que manejen todo. Cuando llega un ofrecimiento de trabajo, lo consulto con amigos y con mi mamá. Es difícil ponerle precio a lo que hacés. Junto opiniones y después decido. Me senté sola a arreglar mi sueldo con Gerardo (Sofovich –fue su secretaria en América TV y Canal 9–), cuando empecé en el 2006, y ahora sigo igual. –No te va nada mal: ya firmaste con Cherutti. –¡Sí! Había tenido otras dos propuestas, pero ésta es la que más me interesó. No firmé contrato, pero acordamos de palabra, que para mí es lo mismo. Tendré una participación destacada. No de vedette: sí pases de comedia y algo de baile. –¿Por qué creés que lograste dejar de ser la clásica promotora de tevé a la que jamás se le escucha la voz? –Porque me lo propuse. A los diez años tomaba sol con mi mamá y pensaba: “Voy a aprovechar bien estos veranos, porque en unos años voy a ser famosa y no voy a poder disfrutar de estas cosas en el anonimato”. Siempre quise ser modelo publicitaria. –¿Quién te gusta de las top? –Pampita, porque ella no es tan alta, igual que yo. Su carrera me demuestra que hay esperanzas para mí. –En los 90’ la bomba morocha fue Carolina Peleritti, en el 2000 fue Pampita... ¿Llegó tu turno? –¡Ojalá! Aunque pienso que es mucho… ¡Ellas son divinas! –¿Acaso vos no los sos? –En el fondo soy una mujer muy insegura. Nunca me consideré ni la más linda ni la más fea. Soy graciosa, medio loca. Me crié con mi hermano. Tengo una cosa de varoncito que ahora cuido mucho, para que no se note tanto, je. Empezó como un juego y salió bien. –¿Cómo te llevás con tu cuerpo? –Ja, ja, ja. Me cuido… un poco. Si puedo voy al gimnasio, pero ahora no tengo rutina de ejercicios. ¿La piel? Antes me ponía cualquier crema, pero hace poco empecé con una cosmetóloga. Bailé tango, hice deportes y en alguna época practiqué tae-bo. –¿Te cuidás en las comidas? –Me cocino yo y por ahora sobrevivo… ¡No soy Maru Botana! No sé hacer platos estilo pollo a la mostaza; pero eso sí, el puré instantáneo me sale muy bien. Como pastas, ensaladas, milanesas, de todo, pero sencillito. –¿Estás a favor de las cirugías? –¡Totalmente! Me hice las lolas en el 2007. Elegí el modelo de la prótesis, pero no calculé contorno y me quedaron ¡bien naturales! Gracias a Sofovich, ahorré y pude operarme. Desde que cumplí 15 años quería hacerlo. Hasta me animé y fui a un cirujano, pero me recomendó que esperara como mínimo hasta los 18. Tardé algo más, pero me las hice. –¿Qué partes te ponderan los hombres? –¡Tantas cosas! Pero lo más común es la sonrisa. Incluso los días en que no me siento linda dicen algo de mi sonrisa. El papel de seductora me cuesta más. Mi arma de seducción es la simpatía. Y está bueno, porque va a estar presente también cuando el cuerpo se caiga. –¿Cuántos novios presentaste en casa hasta hoy? –El actual es el tercero. –¿Y el tercero es el vencido? –Sí. Hace poco conoció a mi familia en Arrecifes. Hace siete meses que estoy con él. Se llama Agustín, tiene 29 años y es empresario. –Imaginemos: ¿a qué famosa te gustaría parecerte? –No tengo el deseo de ser como alguien en especial. Tomo un poco de cada una…
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